marzo 4, 2021 by Comunicaciones El Salvador

Todo estará bien

Daisy Díaz

¿Cómo podríamos decir “todo va a estar bien” sin una palmadita en la espalda, sin dar un abrazo? 

Esa era una de las preguntas que más resonaban en mi cabeza al momento de pensar realizar un “Soy autor” virtual en tiempos de pandemia.
Hemos trabajado este programa de escritura creativa con adolescentes en contextos de encierro y libertad, población en situación de retorno y sus familiares, con estudiantes de centros educativos y otras poblaciones.
Y en cada proceso descubrimos que la escritura permite compartir, empatizar y sanar por medio de la resignificación de historias de vida y la publicación de una memoria ilustrada.
Esto siempre lo hacemos de forma presencial. O, al menos, así lo habíamos hecho.

En el último trimestre del 2020 llegó la propuesta de la oenegé Glasswing: hacer el “Soy autor” virtual y, considerando que el año no había sido fácil para nadie y que esta era una oportunidad para escuchar y llegar a las y los jóvenes, incluso de otro país, dijimos sí.


Yo sabía que este sería diferente, pero había algo que no cambiaría: no era obligación, era una necesidad.
Y empezamos:12 cuadritos, unos cuantos oscuros y solo con nombres o fotos que no eran de quien se encontraba tras la pantalla, y muy pocas camaritas encendidas.
12 sesiones, solo 24 horas para compartir, escribir, escuchar, comprender y apoyar las historias de personas a las que, en la gran mayoría, ni siquiera había visto antes.

Sorprendentemente no fue difícil expresar cómo nos sentíamos desde la primera sesión. Probablemente porque antes no se lo habían siquiera preguntado. Palabras como: “estoy emocionadx porque voy a tener mi propio libro”, “nunca pensé tener esta oportunidad y menos en tiempo de pandemia”, “quiero que sea sorpresa para mi familia, por eso hablo suavecito”, hacían que cada encuentro estuviera, al igual que mi compu, con la batería recargada.

En cada sesión comenzamos a ver menos cámaras apagadas, nos reunimos individualmente para acompañar el proceso de escritura y aprendimos, a través de la cámara, a identificar la necesidad de un abrazo y podíamos hacerlo sentir rodeando nuestro cuerpo con los brazos y pensar que se lo estábamos dando a quien compartía con nosotros su tesoro, su historia.

Cada quien era capaz de expresar por medio de las palabras, miradas, emojis, escritos en el chat, todo era válido, todo era poderoso.

Fue la primera vez de todos los procesos que pudimos entrar a las casas de todos, a sus salas, comedores, patios, dormitorios, ahí estábamos conociéndoles, conociéndoles en serio.

En una de las etapas del proceso tuvimos la oportunidad de verles físicamente y aunque sea por poco tiempo, pasamos a sus colonias, pueblos, cantones, comunidades. Ese día, la sonrisa tras la mascarilla fue mágica. Parecía que les conocíamos de toda la vida.

12 historias poderosas, de transformación, familia, sueños, triunfos. 12 nuevos autores y autoras.

12 sesiones, 24 horas parecería poco, pero esta vez, además de todo lo que ya había conocido, descubrí que se puede abrazar con la mirada, decir “todo estará bien” con la sonrisa y sonreír con el corazón.

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