noviembre 23, 2020 by ConTextos

El niño de los 100 teléfonos

Por Luis Colato

Mi nombre es Luis Quintanilla Colato, tengo 53 años y 32 años de servicio docente. Inicié mis labores por horas clase en la escuela rural mixta cantón Gualoso en Chirilagua, San Miguel. Ahí me formé como profesor y director.

Luego, a través de EDUCO, me contrataron en el Centro Escolar  ”Caserío La Joya” de Torola, Morazán. Este municipio está dentro de los 50 municipios más pobres del país.  

La primera vez que fui en vehículo desde San Miguel hasta Torola, solo me fueron a dejar, sentí una eternidad; pero el susto real llegó el viernes ya que me tocó caminar hora y media para llegar al pueblo de Torola y abordar el bus que me llevaría a San Miguel.

Han pasado casi 14 años. Soy docente y director del Centro, estoy rodeado de una naturaleza extraordinaria, la comunidad es muy cálida; aquí me siento como en casa, querido por alumnos y padres de familia. Aún hay mucho por hacer en esta comunidad educativa. Mientras Dios me tenga en pie y con salud aquí estaré porque los niños y niñas son mi razón de ser. 

Actualmente soy docente de aula integrada y en este 2020 consideré que sería un año exitoso para los estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado. Contábamos con el apoyo de instituciones amigas del MINEDUCYT como ConTextos, se había formado el club de lectura, contamos con una mini biblioteca en la aula con libros que se pueden llevar a casa para luego socializar las lecturas y ya se notaba en los estudiantes el amor por la lectura y una mejor ortografía y expresión.

Pero de pronto, como cuando pasa un tornado, todo cambió. Con el Covid 19 inició un tiempo de retos y dificultades; el principal reto: tratar de darle continuidad a la educación desde casa para cuidar la vida de nuestros niños y docentes. 

El Covid 19 mostró lo vulnerable que están las zonas rurales: falta de computadoras, teléfonos inteligentes, señal, electricidad entre otros. Además, muchos estudiantes viven en hondonadas, por quebradas y en una zona fronteriza de Honduras. Allí, las grandes antenas, no dan cobertura y la señal es inexistente.

Transcurre un mes de la pandemia, había logrado comunicarme con todos mis estudiantes por whastapp, pero había un estudiante que no podía localizar. Francy era como una aguja en un pajar. Me di a la tarea de realizar llamadas a todos los estudiantes donde le dejaba un mensaje:

-Necesito comunicarme con vos, tirame una llamada perdida cuando podás.

Un dia me sonó el teléfono y era un número desconocido. ¡Era Francy! Me dijo que tenía todas las guías de ese mes hechas, pero no sabía cómo enviarlas; le comenté que un compañero de él podía hacérmelas llegar. A partir de ese día recibí sus mensajes de números diferentes, creo que fueron 12 o más.

Yo ya esperaba el mensaje -¡buenas profe soy Francy Noel!-, siempre de un número desconocido cada semana y a cualquier hora del día o de la noche, le respondía que lo felicitaba por su responsabilidad y compromiso.

Para mí, Francis es un ejemplo de resiliencia, sus ganas de superar retos convirtieron cualquier dificultad en oportunidad.

Esta historia me hace reafirmar mi vocación de docente y compromiso con los estudiantes y la comunidad educativa: siempre hay algo más por transformar y dinamizar en la escuela para tener mejores ciudadanos.

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