octubre 29, 2020 by ConTextos

Dejarme asombrar me facilita aprender

En junio de este año me comuniqué con el profesor Salvador Guzmán, director del Centro Escolar Cantón San Rafael. Me llevó un poco de tiempo contactarlo porque mis llamadas no entraban y los mensajes de WhatsApp tardaban.

El profe vive en el departamento de La Libertad.

Y allá despuecito del puente de Las Chilamas, el que está pasando el malecón, donde hay un desvío y uno sube como que va de regreso a Santa Tecla, pero entre medio de la montaña,  pues por ahí queda la escuela. 

-Estoy en la escuela y he venido a buscar señal- me escribió el profe.

Entonces nos coordinamos para que él estuviera en un punto con señal para llamarlo y explicarle que teníamos unas bolsas de víveres que nos había donado la Fundación Gloria de Kriete y que nos gustaría que él identificara a las familias más vulnerables de la comunidad -ya que teníamos un límite- para dárselas. 

Sin pensarlo mucho me dijo:

-Pues mire aquí la cosa es así, hay una comunidad como a dos o tres kilómetros de la escuela donde es muy difícil llegar por el camino, las ayudas que llegan a ese lugar se tardan o no es tan regular que lleguen. Si ustedes tienen un 4×4 y nos hacen el favor de llegar ahí, yo coordino con la ADESCO y los acompaño.  

Nos fuimos en nuestro Pick Up y pasamos trayendo al director y a un docente en el desvío.

– En esta parte bajamos los vidrios por los muchachos – dijo el docente – porque a mí ya me pueden. Si a todos les he dado clase en la escuela o en el Instituto.

El camino a la comunidad es poco transitable, con grandes piedras y en algunas partes bastante estrecho. El director nos explicó que ya había avisado a la presidenta de la Asociación de Desarrollo Comunal, ADESCO, que íbamos en camino pero que pensaba que no iba a recibir el mensaje.

Ahí tampoco hay señal y lo que hace la comunidad es que en las ramas de un  árbol que está por una montañita cuelgan todos sus celulares; si están esperando una llamada importante cuando suena uno, cualquiera corre a contestar. 

Nuestra llamada también la contestaron: la presidenta y la tesorera de la ADESCO nos estaban esperando con todo organizado para que la repartición de víveres se hiciera de la manera más ordenada y transparente posible.  

Primero nos presentamos ante la comunidad, que por cierto es representada por mujeres líderes, y luego nos colocaron una mesa muy bonita en la que hicieron una filita y pasaron una a una a recibir los víveres. Escuchamos cosas como ”Cómo pesa esta bolsa”, “nos imaginábamos que iba hacer más pequeña, pero sí que trae varias cosas”.

Al finalizar, las representantes de la ADESCO no nos dejaron ir sin antes sentarnos y compartirnos un buen atol de elote en guacalito de morro.

Para mí eso no solo fue un acto de agradecimiento, fue algo más profundo; fue compartir arte, ser hospitalarias, dar un pedacito de hogar.

A mí me parecen increíbles estas vivencias. Y agradezco porque dejarme asombrar me facilita aprender.

Soy René Osorio Miranda, nací y crecí en San Salvador. Fui scout activo por más de 11 años. 

Creo en el pensamiento resolutivo, la voz y la voluntad de las y los jóvenes en El Salvador. Mis pasiones son los libros infantiles, en especial los de monstruos enamorados, indecisos y los buenos que parecen malos, y servir a la comunidad creando espacios seguros promoviendo el diálogo y la lectura por placer.

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