September 23, 2021 by ConTextos

Detrás de una biblioteca

Por Daniela Raffo.

Es así: el Complejo Educativo cantón El Zapote está a metros de un estero y a kilómetros de la frontera con Guatemala. Se llega por callecitas de tierra, hace un calor de los mil demonios, y allí, desde hace 10 años, funciona una biblioteca escolar y comunal.

El Complejo Educativo es grande. 

Tiene una cancha para jugar fútbol playa

plantas en macetas colgantes 

un parqueo para bicicletas

y la biblioteca. 

La biblioteca, además, tiene un carrito lector.

Y una bibliotecaria que todo el mundo conoce como “Doris Biblioteca”.

El carrito lector también tiene casi 10 años y comenzó viajando por toda la escuela. 

Los viernes se llevaba a cada aula y cada personita tomaba un libro para leerlo el fin de semana y devolverlo el lunes. 

Ahora el carrito lector está parqueado en la puerta de la biblio. 

Ya no necesita salir, los libros, aunque quietos, seducen.

“Doris Biblioteca” es vecina de la escuela, llega por un caminito rodeado de maleza, entra por la puerta trasera del centro, atraviesa la cancha de fútbol para playa y abre su biblioteca. 

Ese camino lo hace todos los días desde hace nueve años. La única diferencia es que cuando comenzaba a formarse su nombre a “Doris Biblioteca” no le gustaba leer. Hoy, cuando lo cuenta, se ríe.

Tiene la alegría que deberían tener todas las bibliotecarias.

El carrito lector está parqueado pero hay otro nuevo que da vueltas.

Y da vueltas como todo en las zonas rurales. 

A puras ganas.

La idea se le ocurrió a la seño Dalila: pidieron prestado un carretón y salieron a repartir libros por la comunidad.

Después compraron una bicicleta. Y después un señor donó el canasto que instalaron en la bicicleta.

Repartir libros por la comunidad significa que “Doris Biblioteca” sale acompañada de un estudiante por calles de tierra, con piedras, con calor, y golpea puerta por puerta llevando libros. Significa que antes de salir de la escuela elige varios porque conoce los gustos de sus lectores. Significa que antes de las vacaciones los vecinos se pregunten

¿qué leemos cuando la escuela esté cerrada?

Y significa que otras comunidades -otros caminitos de tierra- también quieran que un carretón cargado de libros pase por sus casas.

Todos los días “Doris Biblioteca” llega por un caminito rodeado de maleza, entra por la puerta trasera del centro, atraviesa la cancha de fútbol para playa y abre su biblioteca. 

La cuida. La organiza. La conoce.

Y le exige.

Ahora necesita libros para adolescentes.

Porque es así. Las bibliotecas crecen con uno.

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