September 7, 2020 by ConTextos

Bajo la sombra del lápiz

Andrés Arce


Recuerdo cuando trabajé como mediador de lectura en un hospital en Bogotá. Tenía que ir de habitación en habitación con un carrito en el que transportaba un montón de libros para leer o entregar a los y las pacientes. Con el tiempo me di cuenta que cada habitación era, también, un libro abierto. 

Cada paciente te contaba historias: era algo maravilloso escucharles y darme cuenta de lo significativo que era para ellos y ellas ser escuchadas. Fue inevitable que se generaran lazos afectivos en un lugar donde la naturaleza nos enseñaba, de nuevo, el valor de lo fugaz: historias del dolor que padecían pues a veces me confundían con un médico, la angustia de los familiares, las personas que estaban solas, las que habían sobrevivido… Amaba mi trabajo, pero el desgaste era tremendo y como no tenía ninguna formación en salud … todo fue una terapia de choque. 

Tenía un pequeño espacio donde estaban los estantes con el material bibliográfico. Fue en esa época que uno de los pacientes me preguntó por un libro de dibujo o de artes. Cuando se lo pasé y le pregunté si tenía con qué dibujar me dijo que la familia le había traído un cuaderno y algunos colores, le conté que mi formación era en artes visuales y que, si quería, le podría recomendar algunos ejercicios. Aceptó dichoso. 

Mis momentos de ocio se fueron transformando en garabatear o dibujar un rato para luego encontrarme con el paciente y debatir sobre lo que habíamos dibujado. Un día pasé a la habitación y ya le habían dado de alta. Él se fue pero yo no dejé de dibujar, encontré en esta sencilla actividad un momento para equilibrar un poco mis nervios. 

Nunca pensé que esta experiencia me salvaría otra vez, cuando desde mi Colombia viajé a El Salvador. Vine en marzo como voluntario de la ONG América Solidaria para trabajar en ConTextos, nunca imaginé que iba a presentarse una pandemia. Llegué dos días antes de que el presidente prohibiera el ingreso o salida del país e iniciara una cuarentena obligatoria. No alcancé a conocer nada más allá de la casa en la que habitaría durante los próximos dos meses y medio como un anacoreta, encerrado. Durante ese tiempo lidié con estrés, depresión, miedo e incertidumbre. El estar lejos de mi país, de mis seres queridos y amigos, acrecentaba aún más esas emociones. 

Recordé entonces mi experiencia en el hospital y decidí tomar los lápices y colores que encontré en la casa y volver a dibujar. Entendí de nuevo por qué ese acto tan sencillo es una medicina para la mente y el espíritu. Mis nervios se fueron equilibrando y hasta llegué a sentirme animado.  

Al poco tiempo ConTextos propuso generar planes que mitigaran la situación psicoemocional del equipo de trabajo, al escuchar situaciones y emociones parecidas a las mías propuse un espacio de dibujo y arte. 

Agradecí en secreto a quienes pudieron sumarse y disfrutar de una a dos horas a la semana, bajo la excusa de una clase de dibujo cuya otra finalidad era la de conocer al equipo de trabajo ya que no había tenido la oportunidad. Fueron momentos de diálogo y aprendizajes. 

Cuando regresé a Colombia a seguir trabajando a distancia, dejamos este espacio y espero que pronto podamos volver a abrigarnos bajo la sombra del lápiz. 

Nací en Bogotá, Colombia, en 1987. Cuando pequeño me gustaban mucho los insectos. Me maravillaba cazar arañas, como me parecía que dicha admiración no podía quedarse solo en la observación comencé a dibujar a algunos de estos arácnidos. Cuando vi por primera vez Spiderman quedé fascinado con este personaje así que comencé a dibujarlo también. Estudié artes visuales y en esa época también me enamoré de la literatura y de los libros-álbum. Ahora trabajo como mediador de lectura y docente en diferentes proyectos culturales.

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