Escrito por: Autor invitado. Feb 8, 2018

Les compartimos la historia de Efraín, un chico bacán que dedicó un mes como voluntario a ConTextos. Sus palabras revelan el trabajo de ConTextos a través de otros ojos e invitan a otros a vivir su experiencia.

Hola, me llamo Efraín y soy de Colombia. Vengo de la costa Colombiana, un lugar lleno de colores, personas cálidas y un mar de 7 colores.

Una tarde como cualquier otra, me llegó un mensaje de la plataforma de AIESEC, en el cual estaban ofreciendo 3 cupos para irse de intercambio, pero la respuesta debía ser inmediata, al igual que la realización del proyecto. Lo pensé, le comenté a mis padres, ellos lo pensaron, y como nunca me dieron una respuesta rápida y positiva. Me sentí tan feliz, mis papas me estaban dando la oportunidad de cumplir uno de mis mayores sueños. Cuando entras a AIESEC, uno de los mayores propósitos es poder tomar una de las maravillosas oportunidades que ofrecen, y sí, ahí estaba yo decidido a hacerlo.

Abrí mi perfil en la plataforma de oportunidades y comencé a ver países como Brasil, México y El Salvador. Cuando ya llevas tiempo en AIESEC comienzas a percibir el mundo desde otro punto de vista, no ves a los países como una oportunidad de viajar, sino de impactar vidas y compartir tu cultura, ese fue mi caso. México cuenta con un número de intercambistas innumerables, al igual que Brasil, pero El Salvador no, y eso fue lo que me hizo elegir este hermoso país. En cada metro que recorres puedes encontrar maravillas, desde volcanes a lagos, desde pueblos coloridos a grandes centros comerciales, desde personas amables a personas que te hacen sentir como en casa.

El 1 de diciembre de 2017, fui aprobado para participar en un intercambio social con una maravillosa, increíble, calidad y bacana organización llamada ConTextos. Recuerdo el día que hablé con Anne, quien me vendió la idea de venir y ayudarles. Nunca alguien me había vendido una idea con el corazón y con un sentimiento de propiedad como ella. Eso fue lo que más me animó y me llevó a tomar el reto de pasar la primera navidad, cumpleaños y año nuevo fuera de mi casa y lejos de mi familia.

Desde que llegué a esta particular y cálida oficina, no dejo de sorprenderme. Cuando puse mi primer pie aquí fue increíble, todos me recibieron con los brazos abiertos. Cuando hablamos de mis responsabilidades, Jennifer me recordó,  “Trabajamos con el corazón”.

Al principio tuve un poco de miedo, pensé que no seria capaz de lograr asumir el reto. Cuando comenzaron a alinear las expectativas sobre el funcionamiento del proyecto pensé, “puya que difícil”. Al comenzar a enfrentarme con mis tareas diarias, a trabajar de la mano del equipo, a leer cada hermosa historia que los chicos escriben, me fui enamorando más y me di cuenta que puedo dar más de lo que pensaba, que sí era capaz de desarrollar mi función.

Poco a poco fui conociendo al equipo…

  • Maite y Flor, un par de chicas muy ocupadas, pero ver como sacaban un poco de su tiempo para reír conmigo y escuchar mis historias, era admirable. Escoger el almuerzo cada día, luchar en pro de la vida fitness o comer comida con un poquito de grasa era todo un dilema. Pero la mejor parte era escoger el postre, pan dulce o fruta.
  • Jacky y Terecita, chicas con las que disfrutaba los ratos cuando todos salían de la oficina, personas con corazones humildes, siempre dispuestas a hacer las cosas, chicas que me enseñaron donde comprar comida cerca de la oficina, y con un carisma de admirar.
  • Rebe, Ale, Carlos R y Diana, cuatro personas tan particulares, los conocí en los almuerzos, podían hablar de política, hasta hacer chistes super malos de cualquier tema, su versatilidad para comunicarse y hacerme reír, no la va a tener nadie en este mundo.
  • William, Carlos M, Melvin, Joaquín Enrique y Rene, seis chicos geniales, súper serviciales, honestos y atentos, siempre dispuesto a ayudar con sus almas nobles.

Llegó el día de dejar la oficina e ir a realizar trabajo de campo, iriamos a un lugar llamado Apopa. El día anterior me habían contado un poco del contexto del lugar, no puedo mentir que tenía miedo, debido a que es una realidad a la cual no estoy acostumbrado. Colombia es un país que ha sido abatido por la guerra, pero desde hace unos 10 años todo ha cambiado, ya podemos caminar tranquilos, puedes ir a la selva sin problema, la delincuencia no es tan notable, los campesinos volvieron a tener sus tierras, y la forma de gobierno va en pro de ayudar al pueblo colombiano.  Debido a lo anterior, tenía muchas expectativas, incluso mis papas tenían algo de temor, pero desde mi corazón sentía algo distinto, impacto, justo eso, impacto. Para mí no tiene sentido ir a ayudar a un lugar donde las personas pueden salir de sus problemas por sí solas, para mí el impacto está en ir, arriesgarte y sacar de la perdición a todos aquellos que necesitan una mano amiga.

Daisy y Esme me pedían llegar súper temprano a la oficina, todo para poder desayunar juntos antes de llegar al Centro  de Alcance. Me hicieron sentir tan bien en cada visita a Apopa, previamente era preparado para el contexto que podía o no encontrar en ese lugar, y para mi sorpresa, el primer día que fui habían acabado de pasar por un hecho no muy cómodo para ellos. Una de las pandillas que está cerca prohibió que muchos niños fueran al lugar donde se dicta el taller de Soy Autor. Pero a pesar de todo, la energía que me transmitían los pequeños con los que trabajé no tiene precio alguno, ver su evolución en las pocas oportunidades que tuve para ir a compartir con ellos, no lo cambio por nada.

Ha sido uno de los días más gratos en toda mi vida, ver a niños y niñas que enfrentan y sufren las decisiones que muchos toman, niños que no pueden caminar tranquilos, niños que no pueden pasar de una zona a otra por temor a tomar el viaje más largo que conocemos. Nunca en mi vida había escuchado tales historias cara a cara, créanme que no es lo mismo ver un video donde narran esas historias, a estar con alguien que lo está sufriendo.

En esas oportunidades que he tenido de ir a campo y compartir con esos pequeños, me he dado cuenta que la elección de mi proyecto y mi propósito de intercambio se alinearon para brindarme una buena experiencia, y a través de mi experiencia, brindar al resto una oportunidad de conocer un pensar diferente.

Esto apenas empieza, a partir de esta oportunidad he tomado muchas ideas para implementar en mi ciudad, debido a que también hay comunidades que necesitan expresarse, y que mejor manera de darles voz a traves de un libro.

Quiero invitarte a reflexionar si alguna vez has pensado en venir a El Salvador. No te dejes llevar por lo que ves en las noticias, no hay mejor manera de conocer la realidad que verla con tus propios ojos, y sí, el país tiene problemas sociales, pero verás que las personas que en él habitan están luchando día a día para mejorar su realidad social. La verdad, sí vale la pena venir a este país, es una experiencia que marcará el resto de tu vida. De hecho, estoy considerando venir a vivir un tiempo en este pedacito de tierra maravilloso.

Solo me queda agradecer a ConTextos por el crecimiento personal que me han hecho tener, no se compara con nada. Me hicieron ver el país con otros ojos, me dieron la energía que necesité en momento donde me sentía solo, me abrieron lo ojos frente a la realidad social como una oportunidad de dar un cambio a través de tus acciones, mil y mil gracias por todo lo que hicieron por mí, en Colombia siempre tendrán una ayuda, un amigo, un compañero, un hermano y las puertas abiertas.

Con amor, Efra.

Publicado por Autor invitado

Una respuesta a “”

  1. Jorge Luis Martínez Montes dice:

    Difícil tomar la decisión de dejar ir a tu hijo a otro pais, estando tan cerca su cumpleaños y el inicio de un nuevo año, no fue fácil pero lo hicimos porque sabemos que en todo lo que sucede en nuestras vidas, Dios ya tiene el control y un propósito, se que está experiencia, ha cambiado e impactado la vida de mi hijo, y eso ya e un logro, bendiciones.

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